Consumo y calidad de vida
Karen Schneeberger

Consumo y calidad de vida

El Consumo desde la Perspectiva del Desarrollo Humano

La utilización de bienes y servicios para satisfacer muchas de las necesidades humanas es una actividad constante en la vida cotidiana. El consumo está ligado directamente a la satisfacción de muchas de las necesidades de las personas, por lo que es una actividad que compete a todos, y en las distintas etapas y condiciones. Se consume con un propósito, o con diversos propósitos simultáneamente. Así la función del consumo en la vida humana no puede comprenderse sin un grado de entendimiento de que los fines son enormemente diversos, desde la nutrición hasta la recreación, desde la larga vida hasta la buena vida, desde la autorrealización aislada hasta la socialización interactiva. 

Desde la perspectiva de las personas, el consumo es un medio del desarrollo humano. Su importancia radica en la ampliación de la capacidad para vivir largo tiempo y bien. El consumo abre oportunidades sin las cuales una persona quedaría sumida en la pobreza humana. Es claro que el consumo contribuye al desarrollo humano cuando aumenta la capacidad de la gente sin afectar negativamente el bienestar de otros, cuando es tan justo para las generaciones futuras como para las actuales, cuando respeta la capacidad de sustento del planeta y cuando estimula el surgimiento de comunidades animadas y creativas. Pero el consumo también puede tener efectos adversos sobre los consumidores, sobre el entorno social y sobre el medio ambiente. El proceso de consumo exige respuestas concretas y precisas en los distintos momentos y en las diferentes circunstancias en que se lleva a cabo. Estas respuestas son determinantes para que él pueda cumplir su objetivo y contribuir a la ampliación de las posibilidades de los seres humanos. El problema es que cuando esas respuestas están sustentadas sobre bases vagas o inciertas pueden conducir a resultados no deseados o peligrosos, perjudiciales para el desarrollo humano. ¿Cómo evitar que eso ocurra?, ¿cómo adquiere la persona cabal conciencia de que la manifestación de sus necesidades desencadena un proceso de consumo destinado a satisfacerlas?, y que en ese proceso participan otros actores, cuyos objetivos son diferentes de los suyos. El tipo de respuestas cotidianas y concretas que los individuos estén en condiciones de dar –ya sea por los conocimientos que poseen, por las actitudes que los animan, por los medios de que disponen o por las posibilidades que las circunstancias socioambientales les ofrecen–, llegarán a imponerse como pautas generales. En definitiva, redundarán en la ampliación o en la restricción de las opciones de las personas, en la posibilidad de aumentar las capacidades humanas y de ejercerlas en plenitud. Se transformarán en facilitadores o en inhibidores del desarrollo humano. Este desafío implica la necesidad de desarrollar las competencias necesarias para desempeñarse en el mercado de modo adecuado, buscando respuestas a las preguntas previamente señaladas. 

Esta necesidad es recogida por las Directrices de las Naciones Unidas para la Protección al Consumidor, que plantean como objetivo de los Programas de Educación e Información a los consumidores el capacitar a los consumidores para que sepan discernir, puedan hacer opciones bien fundadas de bienes y servicios, y tengan conciencia de sus derechos y obligaciones.